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Levadas (2ª Parte)

En realidad, la isla es una enorme presa que se auto-regula. La lluvia se filtra por las piedras volcánicas porosas, pero al tocar las capas de roca impermeables sale de nuevo en forma de manantial. Si no se canaliza todo este agua, llega a los barrancos y se pierde en el mar.

En 1939, el gobierno portugués envió una misión a la isla con el fin de estudiar un sistema combinado de irrigación hidroeléctrico. Las nuevas levadas creadas a partir de estos planes, que eran pequeños canales anchos, recorrían los valles. Su flujo es permanente y sereno y sus riberas están repletas de agapantos y hortensias. Estas amplias vías fluviales primeramente se canalizan a una altitud de 1000 metros, donde la concentración de lluvia, rocío y manantiales es mayor. Luego se conduce por medio de tuberías hasta las estaciones eléctricas. Se encuentra al filo de la tierra cultivable (a unos 600 metros) y fluye hasta las zonas de regadío. La distribución la realiza el “levadeiro” (la persona encargada del mantenimiento), que dirige el caudal a cada propietario.

La mayoría de los planes de desarrollo incluidos en esa misión se mejoraron en 1970 y entre los proyectos más importantes se encontraban el de la “Levada do Norte” y la “Levada dos Tornos”, que podrá ver cuando haga senderismo, de visita o de picnic. Su increíble longitud, teniendo en cuenta el terreno, se puede percibir mejor en el mapa desplegable. Se tardó 25 años en completarse y todo fue hecho a mano. ¿Cómo se ahondaron los túneles en el sólido basalto? ¿Cómo canalizaron los obreros las “levadas” bajo las gélidas cascadas, a medio camino entre el cielo y la tierra? A menudo, como ocurrió en la construcción de la peligrosa carretera entre São Vicente y Porto Moniz, estaban suspendidos sobre el abismo en cestas de mimbre, mientras luchaban contra la inquebrantable roca con picos. Muchos perdieron la vida para que el agua y la electricidad llegaran a los isleños y para solaz de los caminantes.