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Azúcar, Miel y Ron

La historia del azúcar en Madeira ha dejado vestigios visibles en la sociedad de la isla. Desde el principio, Europa fue bautizando a las islas según los productos que ofrecían. El azúcar fue el epíteto para Madeira y algunas de las Canarias, donde este cultivo era una suerte de varita mágica que cambió la economía y el modo de vida de sus gentes. Asimismo, era un complemento básico en la vida económica de la isla y con el dinero proveniente de su exportación, se construyeron iglesias (como la Sé Catedral, por ejemplo) y enormes palacios.

Estos palacios e iglesias se llenaron de multitud de obras de arte importadas, presentes hoy en día en el Museo del Arte Sacro y que fueron compradas con los beneficios provenientes del azúcar. La industria más dulce de la isla tuvo su época dorada durante los siglos XV y XVI, cuando el azúcar de Madeira llenaba los principales mercados europeos. Antaño la caña de azúcar se prensaba manualmente o en rudimentarios ingenios. Las exportaciones de Brasil o de las colonias españolas de América provocaron el desplome de esta industria en la isla.
En 1736 tenía que importarse este producto, ya que la producción local no podía cubrir la demanda de la propia isla.