Turismo

Las opiniones difieren cuando se trata de saber cuál es la mejor manera de habitar islas remotas. Algunos tienden a ver estas pequeñas extensiones de tierra rodeadas de ingentes cantidades de océano como lugares ideales para construir colonias penitenciarias como Alcatraz, la Isla Robben, Santa Helena y Australia. Otros, de naturaleza más benévola, construyen hoteles e invitan a que vengan turistas de todo el mundo a sentarse y relajarse bajo el sol subtropical, en su paraíso particular.

Hace mucho tiempo, los muchos que escapaban del mundo descubrieron en esta isla unas gentes agradables, un clima maravilloso y una creciente y diversa gama de hoteles y alojamientos turísticos que satisfacían sus gustos y bolsillos.
Los primeros turistas que llegaron a Madeira fueron los pasajeros de los grandes cruceros transatlánticos, ya que la isla era una importante parada para repostar carbón, y las excursiones que realizaban al campo eran una buena forma de pasar el día, estirar las piernas y despejarse en la travesía.

En 1894 William Reid abrió su hotel epónimo en el extremo oeste de la Bahía de Funchal y desde entonces se sigue sirviendo el té inglés a todos los connoisseurs. Durante todo este tiempo ha visitado la isla una serie de famosos y eminentes personajes públicos, desde el escritor George Bernard Shaw, que se quedó un tiempo para aprender a bailar, a Winston Churchill, que reflejó la belleza del pueblo de Câmara de Lobos en sus cuadros. Madeira también dio la bienvenida a una gran cantidad de exiliados, desde Napoleón en su travesía hacia la isla de Santa Helena, a Carlos I de Austria, el último de los Emperadores de la Casa de Habsburgo-Lorena, que falleció y se enterró en Monte.

Siguiendo la estela del éxito de Reid,se construyó un gran número de hoteles, aunque las camas estuvieron limitadas hasta la inauguración del aeropuerto en 1963. Hoy en día, los turistas vienen principalmente en avión y en invierno desde Alemania, Escandinavia y Reino Unido en busca de sol, paz y tranquilidad. En los meses de verano crece la demanda desde los países del sur de Europa, ya que sus habitantes desean escapar del asfixiante calor y del flujo de turistas que ellos reciben a su vez.
Cual recuerdo del pasado, muchas personas arriban en barco, dado que Madeira es uno de los puertos favoritos en las rutas trasatlánticas. Durante los últimos años ha crecido el turismo tímidamente fuera de Funchal y hacia las zonas más rurales de la isla. El senderismo por las levadas, el surf, la pesca de altura y el montañismo son algunas de las muchas razones por las que se visita Madeira.

Todos coinciden en que, al haber una proporción de turistas muy baja en comparación a la población local, tienen la oportunidad de visitar un lugar donde se respira otro modo de vida, lejos del bullicio y el ajetreo del turismo del dólar. En muchas islas dedicadas al sector hay pocas elecciones entre el turismo o la colonia penitenciaria o al menos es la impresión que queda tras experimentar el poco espacio para viajar, policías uniformados, una comida institucional y una población local hostil. En Madeira, la vida es diferente y puede marcharse cuando desee, si es capaz de negarse a todo que se le ofrece.
 
 
 
 

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